Una de mis principales motivaciones en esta profesión es la posibilidad de crear y contar historias.
En el mundo profesional es muy raro tener la oportunidad de contar lo que quieras y como quieras. Deseando que eso llegue algún día, de momento me doy la oportunidad a mi mismo.
Cada cortometraje ha sido como un campo de pruebas: nuevas técnicas, nuevos métodos, nuevas ideas que aprender y desarrollar. El resultado nunca es perfecto, pero son el resultado visible de una lucha permanente por hacer las cosas mejor cada vez.
Son experiencias creativas y de aprendizaje.
En la parte negativa, producir cortometrajes de manera privada tiene un coste personal muy alto en tiempo y dinero. Sobre todo si te comprometes a terminarlos.





